Turquía te da un semestre distinto a cualquier otro en Europa: solo Estambul ya abarca dos continentes, y el país está repleto de sitios antiguos, costas y una cultura gastronómica que justifica el viaje por sí sola. Como la lira está débil, tu beca o tus ahorros cunden muchísimo más, así que puedes permitirte viajar y salir mucho más de lo que podrías en Europa occidental. La hospitalidad turca es legendaria, y los locales se desviven por ayudar a los de fuera.
Los trade-offs honestos son la economía y el ritmo. La inflación es alta, así que los precios cambian bajo tus pies, y el día a día puede sentirse caótico. Pero si quieres energía, calidez, historia y relación calidad-precio, pocos destinos dan tanto por tan poco.


