Lisboa se ha convertido en una de las ciudades de intercambio favoritas de Europa, y por buenas razones: clima cálido, una escena estudiantil internacional enorme, playas y surf a tiro de tren, y un ambiente relajado donde el inglés se entiende perfectamente. Aquí están la Universidade de Lisboa, la NOVA y el ISCTE, entre otras, y la propia ciudad, con sus miradouros, tranvías, fado y pastéis de nata, es una delicia para vivir. El único punto flojo de verdad es la falta de alojamiento, que dispara los alquileres.






