Kazajistán es el intercambio que nadie que conoces habrá hecho, y esa es justo la gracia. Es el noveno país más grande del planeta, encajado entre Rusia y China, donde bloques de pisos soviéticos se levantan bajo picos nevados y todo el mundo te da de comer hasta que no puedes moverte. Volverás a casa con historias de pistas de esquí, cañones y cenas de carne de caballo que nadie de un Erasmus en Valencia puede igualar.
Es para los curiosos y algo aventureros: estudiantes que quieren algo genuinamente distinto, muy barato y un poco en bruto en vez de una capital occidental pulida. El inglés no está en todas partes y los inviernos pegan fuerte, pero si te lanzas, Almaty en concreto te recompensa con montañas a la puerta de casa y una calidez que no tiene nada que ver con el clima.
