Canadá ofrece una combinación rara: universidades de primer nivel, seguridad real y una cultura acostumbrada a los recién llegados, así que nunca te sientes el único extranjero de la sala. Tienes vida de campus norteamericana sin la intensidad ni el precio de Estados Unidos, además de la opción de estudiar en inglés, francés o ambos. Los paisajes son extraordinarios, de las Rocosas a la costa atlántica, y la vida al aire libre está metida en el calendario de serie.
La contrapartida honesta es el coste y el clima. El alquiler en Toronto y Vancouver es brutal, y los inviernos en casi todo el país son largos y de frío auténtico. Pero si te metes de lleno, aprendes a patinar o a esquiar y eliges bien tu ciudad, un semestre aquí es cómodo, sociable y queda genial en cualquier CV.











